Desencuentro

Hace cinco lunas llenas que tengo un sabor amargo en mi boca, mi saliva es espesa y me corta la garganta, sé perfecto que este sabor es lo último que me queda de ti y la manera más prudente de sacarte de mi cuerpo es mezclar mi saliva con la de alguien más.

Solo necesito un ser inocente, cualquiera podría ser la víctima perfecta, solo bastará con saber su nombre y se postre ante mis actos sugerentes y lascivos.

Mi estrategia resultó ser perfecta, porque tú estabas al fondo contemplando mi silueta, el instinto me llevo hacia ti y ansiaba ser tu verdugo, amordazarte, cubrirte de agua que brota de mí, encadenarte con mis piernas para poder comer tus entrañas.

Mover mi pelvis de un lado fue el anzuelo perfecto para ti, deseabas ser presa, un ente sumiso que desea sucumbir a la pasión, consumirte junto a mí y tu llevar mi sabor en tu garganta.

Fuiste el ángel desterrado que deseaba corromper este cuerpo, salpicar de ambrosía blanca mi vientre, reconocer tu sensibilidad a través de mí, sin saber más allá de nuestros nombres para arrojarnos al placer y a la tentación.

Este desencuentro fue para expulsar los fantasmas que están arraigados a nuestros cuerpos, sin ideas románticas, sin promesas que ninguna de las dos partes desea cumplir, mostrando el peor de nuestros lados (el animal) para arrancarnos la piel entre besos y caricias.

¿Esta mal este acto tan indecente? Me pregunto a mi misma mientras te observo al culminar el sexo. Pronuncio en voz alta un “no”, aunque me hubiera gustado un poco más de violencia, de verte al natural pero no me dejaste hacerlo y entiendo, soy abrumadora.

Y no necesito un segundo encuentro, ni un tercero, para que me enseñes más de ti, ya que mi boca tiene el sabor de siempre, el mío, el del néctar de una rosa.

Posdata: Ya no quiero verte

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Renasci

Me sumergí al fango, disfruté de embarrarme de tierra, hundirme hasta lo más profundo hasta que mis pulmones estuvieran llenos de musgo y agua verdosa, decidí por un segundo que eso me consumiera, dejé que el peso de mis cadenas me llevase hasta lo más profundo de mis miedos, ahogarme en lágrimas que no tienen sal, en complejos abstractos y patéticos, en laberintos que de los que no veía salida, aunque ella estuviera frente a mí.

Estaba muy decidida a caminar descalza sobre el vidrio, a lastimar mi cuerpo a consciencia, a lacerarme hasta que mi espíritu pereciera y se esfumara en el viento. Ni la caricia más cálida podía avivar mi pasión, ni el beso más largo, ni la palabra precisa, yo solo estaba ahí, con la mirada perdida y el cuerpo inerte ante esos estímulos.

Con toda certeza sé que mis letras están repletas de una fatalidad desmedida, con un drama innecesario y carente de elocuencia. Tal vez para usted amado lector, estas letras no sean dignas de su lectura, pero para mí son un acto de rebeldía, un estandarte a mi esencia, que le hace la guerra a la tristeza y a la desesperanza que desde mucho germinaron en mi ser.

Decidí emerger del fango, purificarme, limpiar mi lengua, no envolverme en el encanto del primer ser que se cruce en mi oscuro camino (por el momento, no). Cortarme esas mandrágoras que me chupaban el sentido común y su llanto se convirtió en el mío. Me disculpo con toda la corte que aguantó mis alaridos.

Salí de esta batalla, herida, golpeada, a nada de querer invocar a las Moiras y que de una buena vez cortaran el hilo de mi vida. Pero me aferré a ese mismo hilo y aquí estoy, en un periodo de renacimiento, entrando a un periodo de metamorfosis que durará lo necesario para sacar todo el lastre que llevo dentro.

Que el drama solo prevalezca en mis letras, en el arte de exagerar mis historias, para así confundir a los que voltean a ver curiosos y llenos de morbo. Que la intensidad prevalezca en el arte de amar, de expresar el sentir por el ser amado, por la vida, la revolución, el defender el ideal, intensidad al amar cada parte del cuerpo que está repleto de cicatrices, complejos, historias, virtudes porque también son dignas de compartir….

Estas letras son el indicio de que alguien puede resurgir de las cenizas, siendo más bella, más transgresora, con un fuego incandescente, con el espíritu firme, con el alma decidida a ser completamente fiel a lo que siente, con los colmillos afilados para morder en el momento que sea necesario.

Hoy soy lo que tanto deseaba.

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Un mal día.

“No podré amarte como lo has deseado y como yo quisiera hacerlo, pero ya te amo”. <3,

Alejandra Ló

He vuelto a tener una de esas rabietas. He vuelto a mi etapa infantil, llena de miedos y angustias.Me he comportado cómo tanto te molesta, cómo tanto nos enferma y cómo en ocasiones, tanto me libera.

No me siento liberada, me siento asustada y por ratos asqueada ¿Se puede sentir repulsión hacia uno mismo? Claro que se puede pero hay que estar bien conscientes de los defectos que lo atañen a uno, hay que saber identificar la falta, la herida, el lugar donde habita el ego, la guarida del miedo y la puerta que lleva al enojo.

Conozco a detalle lo que soy y en quien me convierto cuando más amo, cuando tanto me duele e incluso cuando inevitablemente termino odiando. Me cuesta decir que no soy el modelo a seguir de nadie, que aparento más cordura de la que en realidad poseo, que carezco de seguridad porque elegí…

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iv

Los cantares de esta ciudad resuenan en mi cuerpo, las paredes me hablan de ti, los lugares menos pensados en donde nos escabullimos para consumirnos sin que ojos curiosos nos observaran. Éramos tan ajenos a todo, tan opuestos, tan juntos, tan locos, la jugada perfecta, pero esto pereció de la manera más trágica. Porque es evidente, la tragedia y la fatalidad son dos entes que cada luna llena poseen mi cuerpo y aquella noche fueron las estelares.

No fui la más elocuente y la retórica fue un recurso que se mantuvo ausente, pero traté de juntar mis palabras de manera coherente y hoy intento desesperadamente recordar esa noche, pero todo parece estar cubierto de una espesa bruma.

Ese encuentro me parece tan lejano, tan borroso, mi mente no me ayuda a recodar con claridad pero lo que sí tengo presente es mi cara empapada y fumar mientras tus manos se aferraban a mis brazos buscando consuelo.

Encallé mi corazón a tu arena, pero mi lógica no entiende tu sinsentido. Mis mareas buscaban tu aparente calma, nuestra imprudencia nos hizo consumir nuestro caos en un beso, en otro más, en otro más, hasta hacernos polvo mientras las estrellas nos veían escépticas.

Huyo de la noche porque es donde más te veo, te conviertes en mi cazador y yo en la presa que quiere morir en tus manos. Huyo del día porque el viento está lleno de tu esencia y yo estoy dispuesta a inhalarte por completo. Huyo de mí misma porque en mi cuerpo llevo los estigmas de tu alma. Huyo de mi congruencia, de mi centro, de mis múltiples personalidades, huyo del vacío y me refugio en estas letras que carecen de orden, de sentido común y de lógica; justo así estoy yo.

Éramos dos tormentas que juntos encontraban la calma, éramos el perfecto receptor y emisor, el abismo más placentero, fuimos nuestro propio salvación y tormento. Una dualidad que convergía a la perfección en el acto de amar.

Me duele no poder protegerte, me duele tú ausencia, me duelen las manos al no poder sentirte, me duele no saber de ti, me dueles aquí.

 

Complejos siniestros

Nos conocemos desde hace un par de meses, evidentemente sentimos una atracción muy fuerte el uno por el otro y eso nos ha hecho compartir todo lo que tenemos, visto desde un sentido romántico esta frase podría imponer, pero yo lo digo de la manera más mundana posible. Porque hemos compartido el último cigarro de la noche, el secreto más oscuro, la mirada cómplice, el trago de alcohol que recorre nuestras gargantas, el café en la mañana, la saliva en el acto, el fluido en el sexo, los fetiches en cualquier lugar que se nos antoje y los complejos que albergan debajo de nuestras lenguas.

Esos seres siniestros llegaron de manera inesperada cuando nos encontrábamos acariciándonos. Sus manos empezaron a recorrer mi rostro sin una gota del maquillaje que comúnmente uso. Sus dedos recorrieron mis cejas, bajaron hasta mis mejillas y las detuve de manera firme cuando llegaron hasta mi barbilla.

En ese momento abrí los ojos y vi la mirada confundida de mi amante. «Tengo barba» le dije, y ese rubor que estaba en mis mejillas ya no era por la excitación que me producía su lengua, era de una pena tremenda. En el momento que pronuncié esa frase, él no me entendió por completo a lo que yo complementé con: «Tengo vellos muy gruesos, como si de la barba de un hombre se tratase».

En ese momento dejé de ser yo, dejé de ser cuerpo y me convertí en un complejo. ¿Cómo dejé que descubriera mi secreto? De todos los que escondo este es el más mío, el que me duele pronunciar. Una tormenta de voces se avecinaba en mi cabeza, voces conocidas que repetían al unísono: eres hombre, fea, jorobada, horrible y sinfín sinónimos que no valen la pena volver a pronunciar. Volví a mi cuerpo herida y cubrí mis senos con mis piernas, no deseaba que el siguiera contemplando mi rostro.

Él a verme tan vulnerable me pegó a su pecho, me envolvió con sus brazos y reposé en silencio. Sin nada más que perder o enseñar. Dejamos ese momento en el tocador, no quisimos ahondar más en él. No por el momento.

Nuestros cuerpos seguían tibios y nuestra lujuria aumentaba cada vez más. Nos descubríamos desde otra perspectiva, desde otro ángulo, como si nos observáramos en tercera persona. Mi espalda se arqueaba cada vez más con su roce, los huesos de su cadera se enterraban en la mía, sus manos apretaban mi cadera; entre susurros y gemidos le suplicaba que lo hiciera cada vez más fuerte.

En este instante, donde los cuerpos bailan por instinto acompañados por una sinfonía de gemidos. Decidí recorrer su espalda, navegar por todos esos lunares, cicatrices y protuberancias; tenía frente a mí el mar donde siempre quise encallar.

Suavemente acaricié su espalda con mis uñas, contuvo el gemido y me susurró en el oído: «No toques mis cicatrices ni mis protuberancias, son espantosas». Él se volvió diminuto y me observo apenado. Cuando a mí, esas imperfecciones me producían una fascinación inexplicable. ¿Cuándo nos convertimos en presos de nuestros complejos? Esas aberraciones vistas desde nuestros ojos para otros pueden ser fascinantes y no solo para otros, sino para nosotros mismos. Lo tomé entre mis brazos y le dije lo que yo me dije cuando descubrí y abracé mi barba prominente, no tienes por qué avergonzarte, amado mío; no seas preso de esos complejos como yo fui de los míos.

Nos laceraron con las palabras y las cicatrices son sensibles al tacto, a nuestro tacto. Somos el conjunto de esas heridas, vistas desde una perspectiva más gentil, desde un ángulo más humano.

Hoy quiero follar contigo en plena luz del día, donde mis defectos son más perceptibles al tacto, donde mi barba sea visible, que me tomes de ahí y me hagas tuya por un instante, donde yo entierro mis uñas en esa espalda que se parece al lado oculto de la luna.

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Amantes en otoño

Los amantes en otoño son melancólicos por naturaleza, ella le aulla a la luna y él se consagra al sol.
Ella de cabello color ébano con los labios rojos carmín. El lleva de marco un par de cejas pobladas.
Ella lo contempla mientras él ve al frente. Es evidente que no caminan para el mismo destino.
Ella se estremece cuando él está entre sus piernas. Él descubre el Edén.
Ella le ha consagrado un par de lágrimas. Él no tiene idea de eso.
Ella ama como un acto puro de rebeldía y libertad. Él no comprende su naturaleza.
Ella quiere cruzar el Transatlántico con él. Él no pronuncia ninguna palabra.
Ella desea dedicarle tantas letras como sea posible. Él no desea leerlas.
Ella abruma. Él conoce a la perfección eso.
Ella hizo un nido en su pecho. Él se inmuta.
Ella es una paloma. Él es un gato.
Ella desea compartir su libertad. Él le regala un largo silencio.
Ella está enamorada. Él se ve escéptico.
Ella quiere bien amarlo. Él está muy malquerido.
Ella es fuego. Él es carbón.
Ella de vez en cuando se hunde en el mar de inseguridad. Él es un salvavidas tembloroso.
Ella lo lleva dentro de su piel. Él desconoce esta afirmación.
Ella es el canto de un ruiseñor. Él no se detiene a escuchar.
Ella es un viento cortante. Él no quiere cortarse.
Ella abrasa. Él se quema.
Ella tiene la piel fría. Él se conmociona cada que la toca.

Y así estos amantes en otoño se esfumarán cuando el invierno roce sus pieles.

Él ansía dejar este mar tan bien conocido por sus ojos, estas tierras ya recorridas por sus manos. Él desea con fervor llegar al Mediterráneo mientras ella se pierde entre sus recuerdos.

Ninfas y fantasmas

Este no es un cuento de hadas ni tampoco sucedió en una tierra lejana, esto sucede aquí, en una ciudad que no deseo escribir su nombre ni tampoco deseo decir la fecha de este día.
Yo soy una ninfa que pelea con el fantasma de mi amante en turno y para dar una pelea digna decidí armarme con el mejor arsenal que tengo. Afilo mis colmillos para morder su garganta, dejé crecer mis uñas para arrancarle lo poco que le queda de carne, hice mi lengua bífida para provocarle miedo, los mechones de mi cabello se volvieron serpientes como si Medusa tomara mi cuerpo y convertirse en mi aliada.
Tengo mi estrategia perfectamente elaborada, he calculado cada movimiento, he anticipado cada palabra ante esta oponente tan (in)digna. Aunque reconozco que ese fantasma tiene un par de ventajas sobre mí; tiene la habilidad de aparecer y desaparecer como su voluntad se le plazca, mis palabras no tienen efecto en ella, atraviesan su cuerpo, le abren el pecho e instantáneamente la herida empieza a cicatrizar sin dejar rastro.
Otra de sus ventajas hacía mí es la capacidad de nublar mi mente, ella no lo sabe, pero puede acaparar todo mi sentido común y llevarme hacia la locura. Este malévolo ente puede destruirme en un parpadeo, por esa razón debo ser más astuta, más violenta, más transgresora, más onírica que ella.
No tengo esta contienda con este fantasma por el amor de mi amante, peleo por orgullo, por placer, por lujuria y rabia.
Amante mío, me produce náuseas tanta paz, tanta quietud en nuestro romance, necesito que te consagres a mí, que lo que me susurras bajo las sábanas sean una realidad al llegar la aurora, necesito que amordaces con tu pasión, no quiero tu comprensión al leer estas letras, quiero tu locura, quiero comerme tus entrañas, beberme tu agua, marcar con hierro fino tu espalda, dame pelea para no tener que buscar contrincantes y que esas sean tus fantasmas.

II

Ser intensa duele
Ser intensa quema desde dentro
Ser intensa te consume
Ser intensa te rompe los huesos
Ser intensa te deja cicatrices
Ser intensa te deja sola
Ser intensa te hace anidar en el limbo
Ser intensa te hace transgresora
Ser intensa te hace desbordar
Ser intensa te ahoga en voces internas
Ser intensa es ir contra los establecido
Ser intensa es ser incomprensible
Ser intensa es ser un ente
Ser intensa es indómita
Ser intensa es ser efímera
Ser intensa es morir
Ser intensa es ser una partícula
Ser intensa es no encajar
Ser intensa es no ser correspondida
Ser intensa es no encontrar
Ser intensa es ser juzgada
Ser intensa es ser señalada
Ser intensa es ser crucificada
Ser intensa es ser amante
Ser intensa es un martirio
Ser intensa es un caos
Ser intensa es sangrar
Ser intensa es vivir
Ser intensa porque así lo decidió Dios (yo)
Ser intensa por ser algo
Ser intensa porque no hay consuelo
Ser intensa por placer
Ser intensa es ser Frida
Ser intensa porque no sé qué más ser

Locura y miel

En el pasar de las horas, mi sentir y lo que quiero decir cambia vertiginosamente. Te deseo, te admiro, te contemplo, te amo, pero al mismo tiempo huyo, desbordo, me doblego, me rompo. No, no eres tu amor, soy yo la que monta tragedias griegas en él aire. Yo soy la maniática y tú eres el placebo que me adormece. Podría leerse cruel, pero esa no es mi intención.

Lo que yo deseo con estas letras es dejar un rastro, una huella de este amor; de este fuego que me abraza el cuerpo, como si se tratara de alquimia, ese fuego se convierte en agua y me hace perder la conciencia cinco segundos y vuelvo a la tierra como un ángel caído.

Amor entiéndeme, mi pasión está en todos lados. En mi furia, en mi desesperación, en mi insistencia por la perfección, en el sexo, en la tempestad y en la melancolía.

Cuando ese fuego empieza a quemar mi cuerpo, a revelarse contra mí, a ser mi verdugo, llegas con un temple celestial, solo basta que me toques con la punta de tus dedos y la tortura desaparezca. Al final me convierto en cenizas, como si de un pasaje evangélico se tratara, regresamos al paraíso y esperamos pacientes nuestra condena.

Amor en esta solemne carta deseo expresarte de nueva cuenta lo que me haces sentir. Eres el cigarro que volvería a fumarme, la coincidencia precisa, el tiempo correcto, el de mirada tranquila, mi comodín, mi naipe favorito.

Deseo también dejarte una disculpa anticipada por todos los desbordes, los enojos, donde la ira me nubla el sentido práctico y lógico.

Amor mío, tu nombre es un anagrama que esconde tu verdadera identidad y ante tantos ojos curiosos no pronunciaré tu nombre.

Génesis

Medio día y ya quiero una copa de cualquier sustancia que sea más fuerte que el café, whisky o lo que sea, en esta petición podría entrar el alquitrán o arsénico si eso mataría todo el sentir que llevo dentro o me daría la calma que desde hace tres noches ansío. Mi pesar se debe a que no soy una buena compañera, de esas que están por un tiempo indeterminado, que danzan con la melancolía como bellas ninfas, de esas que no entregan nada en el sexo, las que no se desbordan en los domingos, no, yo no soy de esas y no quiero que me malinterpreten, a ellas no las juzgo, las amo en total plenitud, tanto que en días como hoy, deseo ser como ellas; yo por el contrario soy un sátiro, con un desaforado apetito sexual, me derrumbo, me ahogo en vino, le canto a la luna y escondo mis pesares en un recinto tan perverso que ni el mismo rey de los cielos puede acercarse.

Lo sé, mi naturaleza ha sido descrita por mí innumerables veces pero cada tanto descubro algo nuevo de mí, de mi esencia y esta vez fue que no soy una buena acompañante.

Solo soy una cortesana que deleita con una buena conversación, elocuente hasta con tres copas de vino y lee la fortuna de los seres atormentados, después de esa exquisita presentación, pasamos al vaivén de cuerpos, perdemos la poca cordura, soltamos los lazos invisibles, nos amordazamos con otros, nos estrujamos la piel, nos encomendamos a cualquier dios en este desborde de placer, de agua, de fluidos, donde nuestras almas convergen para ser solo una, porque sí, hasta en el sexo más eventual dejo mi alma,dejo un poco de mi historia, de mis ancestros que se pierden al culminar el acto. Finaliza ese vals, fumo un par de cigarrillos, tal vez más, todo depende de mis ansias.

El amante en turno, se va, se despide de manera cortés y se pierde entre la lluvia de esta ciudad, yo sé que no lo volveré a ver, que nuestros rostros jamás volverán a cruzarse a menos que uno de los dos busque al otro.

Criatura mía ¿te has dado cuenta de mi naturaleza? esta faena me deja con el cuerpo sagrado, con la voluntad hecha trizas y con la intención de amar diferente pero no puedo. Yo solo conozco de libertades compartidas, de encuentros efímeros, de sexo fortuito y de la fortuna que señalan las estrellas.

¿Habrá una víctima y un victimario al final? ¿Un corazón roto, un alma que pena por no saber ser compañía? Eso aún no lo sé, pero un vaso de aguardiente me espera al final de esta confusión.

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