Amantes en otoño

Los amantes en otoño son melancólicos por naturaleza, ella le aulla a la luna y él se consagra al sol.
Ella de cabello color ébano con los labios rojos carmín. El lleva de marco un par de cejas pobladas.
Ella lo contempla mientras él ve al frente. Es evidente que no caminan para el mismo destino.
Ella se estremece cuando él está entre sus piernas. Él descubre el Edén.
Ella le ha consagrado un par de lágrimas. Él no tiene idea de eso.
Ella ama como un acto puro de rebeldía y libertad. Él no comprende su naturaleza.
Ella quiere cruzar el Transatlántico con él. Él no pronuncia ninguna palabra.
Ella desea dedicarle tantas letras como sea posible. Él no desea leerlas.
Ella abruma. Él conoce a la perfección eso.
Ella hizo un nido en su pecho. Él se inmuta.
Ella es una paloma. Él es un gato.
Ella desea compartir su libertad. Él le regala un largo silencio.
Ella está enamorada. Él se ve escéptico.
Ella quiere bien amarlo. Él está muy malquerido.
Ella es fuego. Él es carbón.
Ella de vez en cuando se hunde en el mar de inseguridad. Él es un salvavidas tembloroso.
Ella lo lleva dentro de su piel. Él desconoce esta afirmación.
Ella es el canto de un ruiseñor. Él no se detiene a escuchar.
Ella es un viento cortante. Él no quiere cortarse.
Ella abrasa. Él se quema.
Ella tiene la piel fría. Él se conmociona cada que la toca.

Y así estos amantes en otoño se esfumarán cuando el invierno roce sus pieles.

Él ansía dejar este mar tan bien conocido por sus ojos, estas tierras ya recorridas por sus manos. Él desea con fervor llegar al Mediterráneo mientras ella se pierde entre sus recuerdos.

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Ninfas y fantasmas

Este no es un cuento de hadas ni tampoco sucedió en una tierra lejana, esto sucede aquí, en una ciudad que no deseo escribir su nombre ni tampoco deseo decir la fecha de este día.
Yo soy una ninfa que pelea con el fantasma de mi amante en turno y para dar una pelea digna decidí armarme con el mejor arsenal que tengo. Afilo mis colmillos para morder su garganta, dejé crecer mis uñas para arrancarle lo poco que le queda de carne, hice mi lengua bífida para provocarle miedo, los mechones de mi cabello se volvieron serpientes como si Medusa tomara mi cuerpo y convertirse en mi aliada.
Tengo mi estrategia perfectamente elaborada, he calculado cada movimiento, he anticipado cada palabra ante esta oponente tan (in)digna. Aunque reconozco que ese fantasma tiene un par de ventajas sobre mí; tiene la habilidad de aparecer y desaparecer como su voluntad se le plazca, mis palabras no tienen efecto en ella, atraviesan su cuerpo, le abren el pecho e instantáneamente la herida empieza a cicatrizar sin dejar rastro.
Otra de sus ventajas hacía mí es la capacidad de nublar mi mente, ella no lo sabe, pero puede acaparar todo mi sentido común y llevarme hacia la locura. Este malévolo ente puede destruirme en un parpadeo, por esa razón debo ser más astuta, más violenta, más transgresora, más onírica que ella.
No tengo esta contienda con este fantasma por el amor de mi amante, peleo por orgullo, por placer, por lujuria y rabia.
Amante mío, me produce náuseas tanta paz, tanta quietud en nuestro romance, necesito que te consagres a mí, que lo que me susurras bajo las sábanas sean una realidad al llegar la aurora, necesito que amordaces con tu pasión, no quiero tu comprensión al leer estas letras, quiero tu locura, quiero comerme tus entrañas, beberme tu agua, marcar con hierro fino tu espalda, dame pelea para no tener que buscar contrincantes y que esas sean tus fantasmas.

II

Ser intensa duele
Ser intensa quema desde dentro
Ser intensa te consume
Ser intensa te rompe los huesos
Ser intensa te deja cicatrices
Ser intensa te deja sola
Ser intensa te hace anidar en el limbo
Ser intensa te hace transgresora
Ser intensa te hace desbordar
Ser intensa te ahoga en voces internas
Ser intensa es ir contra los establecido
Ser intensa es ser incomprensible
Ser intensa es ser un ente
Ser intensa es indómita
Ser intensa es ser efímera
Ser intensa es morir
Ser intensa es ser una partícula
Ser intensa es no encajar
Ser intensa es no ser correspondida
Ser intensa es no encontrar
Ser intensa es ser juzgada
Ser intensa es ser señalada
Ser intensa es ser crucificada
Ser intensa es ser amante
Ser intensa es un martirio
Ser intensa es un caos
Ser intensa es sangrar
Ser intensa es vivir
Ser intensa porque así lo decidió Dios (yo)
Ser intensa por ser algo
Ser intensa porque no hay consuelo
Ser intensa por placer
Ser intensa es ser Frida
Ser intensa porque no sé qué más ser

Locura y miel

En el pasar de las horas, mi sentir y lo que quiero decir cambia vertiginosamente. Te deseo, te admiro, te contemplo, te amo, pero al mismo tiempo huyo, desbordo, me doblego, me rompo. No, no eres tu amor, soy yo la que monta tragedias griegas en él aire. Yo soy la maniática y tú eres el placebo que me adormece. Podría leerse cruel, pero esa no es mi intención.

Lo que yo deseo con estas letras es dejar un rastro, una huella de este amor; de este fuego que me abraza el cuerpo, como si se tratara de alquimia, ese fuego se convierte en agua y me hace perder la conciencia cinco segundos y vuelvo a la tierra como un ángel caído.

Amor entiéndeme, mi pasión está en todos lados. En mi furia, en mi desesperación, en mi insistencia por la perfección, en el sexo, en la tempestad y en la melancolía.

Cuando ese fuego empieza a quemar mi cuerpo, a revelarse contra mí, a ser mi verdugo, llegas con un temple celestial, solo basta que me toques con la punta de tus dedos y la tortura desaparezca. Al final me convierto en cenizas, como si de un pasaje evangélico se tratara, regresamos al paraíso y esperamos pacientes nuestra condena.

Amor en esta solemne carta deseo expresarte de nueva cuenta lo que me haces sentir. Eres el cigarro que volvería a fumarme, la coincidencia precisa, el tiempo correcto, el de mirada tranquila, mi comodín, mi naipe favorito.

Deseo también dejarte una disculpa anticipada por todos los desbordes, los enojos, donde la ira me nubla el sentido práctico y lógico.

Amor mío, tu nombre es un anagrama que esconde tu verdadera identidad y ante tantos ojos curiosos no pronunciaré tu nombre.

Génesis

Medio día y ya quiero una copa de cualquier sustancia que sea más fuerte que el café, whisky o lo que sea, en esta petición podría entrar el alquitrán o arsénico si eso mataría todo el sentir que llevo dentro o me daría la calma que desde hace tres noches ansío. Mi pesar se debe a que no soy una buena compañera, de esas que están por un tiempo indeterminado, que danzan con la melancolía como bellas ninfas, de esas que no entregan nada en el sexo, las que no se desbordan en los domingos, no, yo no soy de esas y no quiero que me malinterpreten, a ellas no las juzgo, las amo en total plenitud, tanto que en días como hoy, deseo ser como ellas; yo por el contrario soy un sátiro, con un desaforado apetito sexual, me derrumbo, me ahogo en vino, le canto a la luna y escondo mis pesares en un recinto tan perverso que ni el mismo rey de los cielos puede acercarse.

Lo sé, mi naturaleza ha sido descrita por mí innumerables veces pero cada tanto descubro algo nuevo de mí, de mi esencia y esta vez fue que no soy una buena acompañante.

Solo soy una cortesana que deleita con una buena conversación, elocuente hasta con tres copas de vino y lee la fortuna de los seres atormentados, después de esa exquisita presentación, pasamos al vaivén de cuerpos, perdemos la poca cordura, soltamos los lazos invisibles, nos amordazamos con otros, nos estrujamos la piel, nos encomendamos a cualquier dios en este desborde de placer, de agua, de fluidos, donde nuestras almas convergen para ser solo una, porque sí, hasta en el sexo más eventual dejo mi alma,dejo un poco de mi historia, de mis ancestros que se pierden al culminar el acto. Finaliza ese vals, fumo un par de cigarrillos, tal vez más, todo depende de mis ansias.

El amante en turno, se va, se despide de manera cortés y se pierde entre la lluvia de esta ciudad, yo sé que no lo volveré a ver, que nuestros rostros jamás volverán a cruzarse a menos que uno de los dos busque al otro.

Criatura mía ¿te has dado cuenta de mi naturaleza? esta faena me deja con el cuerpo sagrado, con la voluntad hecha trizas y con la intención de amar diferente pero no puedo. Yo solo conozco de libertades compartidas, de encuentros efímeros, de sexo fortuito y de la fortuna que señalan las estrellas.

¿Habrá una víctima y un victimario al final? ¿Un corazón roto, un alma que pena por no saber ser compañía? Eso aún no lo sé, pero un vaso de aguardiente me espera al final de esta confusión.

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Desbordar

Amor mío, he aplazado ésta entrega porque me la paso eligiendo las palabras correctas para describir mi condición, mis manías y mis obsesiones. Una de ellas es desbordarme los domingos, romperme debajo de tus sábanas y llorar mientras el agua de lluvia recorre mi cuerpo.  

La primera vez que eso sucedió, tus ojos no daban crédito a que mi cuerpo pudiera emanar tanto líquido. De mis ojos, incontables lágrimas cuando la melancolía me abraza, cuando la brisa de la noche descubre que mis recovecos están repletos de miedos y la incertidumbre me apuñala el pecho.

No pretendo que calmes mis miedos o me arranques la melancolía que es tan mía como estas letras, solo quiero que conozcas más de mi espíritu a través de mis palabras, que su único propósito es que comprendas a este espíritu atormentado.

También me desbordo cuando estoy junto a ti amor, cuando danzamos bajo las sábanas, en ese lugar, tan bien conocido para nosotros, es donde la palabra calla y el gemido habla.

Todas estas escenas son todo un suceso. Nunca habías visto como alguien se derrumbe frente a ti, se pierda en sus pensamientos, se lacere las manos y todo esto suceda cada cierto tiempo. Cada cierto domingo.

Sé que a veces me miras con recelo porque yo puedo ir y venir entre mis mareas, mientras tú reprimes todos tus sentires. Amo y odio tu calma, a veces deseo que te derrumbes un poco, pero luego la prudencia aparece y me hace arrepentirme de ese deseo, porque la calma que me inspiras me hace estar un poco más cuerda.

Amor mío, amo que no te derrumbas como yo, que no eres como yo, que no tienes esa sed insaciable de placer y libertad. Me cautiva tu paciencia, tu ternura hasta hace poco desconocida para mí, tus manos fuertes que me sostienen.

Amor, a veces me desbordo pero solo los domingos…

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Al filo del abismo

Bitácora de una Divina

Mentiría al decir que no siento cierto placer al estar aquí con los pies descalzos, cubiertos de lodo al filo del abismo. Podría inclinar mi cuerpo hacia adelante y caer en la nada, sumergirme en el profundo océano de la incertidumbre, anclarme en la primer duda que aparezca y hundirme.

En otro escenario dejaría que la adversidad me golpeara la espalda hasta que mi piel se acostumbre al dolor, disfrutar la herida causada por el infortunio, la soledad y la decepción.

A primera vista, esto luce sin esperanza y decadente pero ¿acaso no es hermoso este escenario? ahora me encuentro llena de cicatrices, con el rostro húmedo, debajo de mis ojos hay un prado oscuro, mis labios llevan un rojo desteñido y el aroma que me envuelve es de los incontables cigarrillos que fumo durante el día.

Prefiero el caos, la decadencia, el horror, la penumbra porque la emoción es…

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Al filo del abismo

Mentiría al decir que no siento cierto placer al estar aquí con los pies descalzos, cubiertos de lodo al filo del abismo. Podría inclinar mi cuerpo hacia adelante y caer en la nada, sumergirme en el profundo océano de la incertidumbre, anclarme en la primer duda que aparezca y hundirme.

En otro escenario dejaría que la adversidad me golpeara la espalda hasta que mi piel se acostumbre al dolor, disfrutar la herida causada por el infortunio, la soledad y la decepción.

A primera vista, esto luce sin esperanza y decadente pero ¿acaso no es hermoso este escenario? ahora me encuentro llena de cicatrices, con el rostro húmedo, debajo de mis ojos hay un prado oscuro, mis labios llevan un rojo desteñido y el aroma que me envuelve es de los incontables cigarrillos que fumo durante el día.

Prefiero el caos, la decadencia, el horror, la penumbra porque la emoción es la misma, te corta de la misma manera, sangras de la misma manera; las circunstancias siempre son distintas pero ese dolor es el que te hace sentir vivo, real y humano.

Hoy repudio lo dulce y lo suave me irrita, estoy harta de esas sensaciones que no me estremecen en absoluto. Estoy aquí, cubierta de sangre, de lágrimas, de heridas que aún no cicatrizan pero jamás me sentí tan viva, tan real.

Dejé de ser una criatura divina para convertirse en un ser mundano que sucumbe ante los sentires más reprimidos de su ser. Hoy así siente. Hoy así se desborda.

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¿Qué haría si tuviera otra boca?

Mi primer lengua es una peregrina de lo conocido, de lo terrenal y la segunda desea conquistar lo inexplorado, lo oculto, de lo infernal y profano. En conjunto podrían llegar a pieles vírgenes que son tan pálidas como el pecho de un armiño, pensar en esas pieles me inunda, derrumba la lógica en mi ser y me hace cuestionarme lo siguiente: ¿cuál sería la ubicación de esa segunda boca? ¿detrás de mi cuello? para que ella recite lo que yo no puedo decirte de frente, lo que mi otro yo piensa pero me reprimo a decirte, crear una doble sinfonía de gemidos nunca ha sido tan perfecto hasta hoy, ni mil arcángeles podrían igualarlo. Sí, detrás de mí cuello suena el lugar ideal pero ¿qué hay de la espalda? ¿los pies? ¿la palma de las manos? o es que yo soy una obsesiva por tener más bocas de las que necesito.

Sé lo que piensas, criatura mía, lo que más deseo es abarcarte por completo, rendirte pleitesía. Besarte con unos labios, morder con los segundos y emanar agua de los terceros.

Quiero que descubras nuevos fetiches, nuevas fijaciones, nuevos tormentos, que te pierdas en esta inmensidad de posibilidades que te ofrezco, que se atoren tus dedos en esta segunda boca que te ansía en silencio.

Necesito que tu aliento se pierda en el mío, en el frenesí de este vaivén de cuerpos que ya no son ajenos ni extraños para nuestros ojos. Deja que mi primer boca te encuentre en silencio, navegues por mi garganta, llenarte de agua para encontrarnos en el paraíso y bajar a la tierra en un instante. Como los desterrados hijos de Eva.

En esta habitación oscura, suspiramos, gemimos y suspiramos. Estamos en la antesala del paraíso, sumergidos en nuestras propias aguas nos convertimos en ríos que buscan su cauce.

El agua que emana tu cuerpo y el mío está repleta de historia, de vida, de silencios y lujuria por fin expulsada de ese templo tan venerado.

Esa segunda boca desea que me hinque ante ti, ante el cuerpo que yace envuelto seda y sudor.

Este par de bocas me susurran al unísono que desean estar adentro, hasta lo más profundo de tus entrañas, donde todo es atemporal, donde no hay un Dios, ni un Diablo, porque ellos somos nosotros.

Verte llover

A esta hora del día no pasa absolutamente nada, son las 5:41 p.m. y este inicio cambió 10 veces porque ninguno parece interesante (culpo enteramente a la hora). Estoy encerrada en esta habitación que no me dice nada, las paredes dejaron de escucharme, mi piel está pálida y fría, me atrevo llamarlo como encanto post mortem.

Afuera está lloviendo, el sonido de las gotas me resulta placentero, abro el ventanal y el viento frío recorre por completo mi cuerpo. Decide susurrarme poemas, confesiones pecaminosas, fantasías o eso es lo que yo decido escuchar.

Se instala debajo de mi ropa, decide acariciarme de manera irreverente, debo confesar que me recuerda tanto a ti y aún no tengo el placer de conocerte. A ti desconocido te presto mis manos, recorre todas estas líneas, todas estas curvas, encomiéndate a la lujuria, a la locura, al Supremo que decide quién es divino o mortal.

Es una lástima que tus ojos no puedan admirar los secretos que lleva mi espalda o la fortuna que esconden las líneas de mis manos, y me apena de sobremanera no poder revelar estos estos enigmas, pero no sería prudente anticiparme, lo que sí puedo hacer es enseñarte el camino al paraíso. Yo sé que ese sendero lo conoces a la perfección, de otras ninfas, de otras diosas, de bellas criaturas pero estuviste frente a ellas, bailaron debajo de las sábanas en perfecta sincronía y en cambio conmigo, yo te presto voluntariamente mis manos, mis dedos, mi saliva, el agua que emana de mi al llegar al clímax, el sudor que producen mis piernas, estremecerme y morder mis labios hasta que mi lengua sienta el sabor metálico de la sangre.

Desconozco como es tu rostro, la forma de tu espalda, como suena mi nombre en tu voz, pero eso me engancha más a ti, puedo inventarte de todas las maneras posibles pero lo que no podría imaginar es como se agita tu respiración, esa sinfonía producida por el placer, creada solo por ti y por mi, por lo que sentimos, por lo que desbordamos.

Llevo mis manos debajo del encaje que cubre mi monte de Venus, comienzo a sentir el agua entre mis dedos, tus dedos. Me descubres con mis manos, mi labios desean pronunciar tu nombre, pero aún no llegas y yo ya conocí el infierno.

Afuera sigue lloviendo y dentro de esta habitación duermo entre agua, saliva y sudor; soñando con verte llover.