Terminal (08/mayo/2016).

Estoy esperando mi impuntual camión que me traerá de vuelta a Tuxtla, aquí podría hacer una metáfora de mi vida amorosa pero creo que está de más.

El domingo es el día más concurrido, por eso tardé varios minutos en encontrar algún asiento disponible, no tengo problema para esperar parada pero después de un lapso se vuelve desesperante y con la melancolía que envolvía mi cuerpo no era un buen escenario, por fortuna no llegué a tanto.

Sólo cuando quise empezar a escribir todo empezó a complicarse. Este nuevo cuaderno tiene el tamaño ideal para esconderse en mi bolsa, en el buró de mi cuarto pero es incómodo cuando la superficie improvisada es mi maleta.

Entre empujones, maletas del tamaño colosal encuentro a mis sentidos enfocada en todo lo que sucede alrededor.

La despedida entre un padre e hijo con tantas recomendaciones del primero que al joven le parecen molestas, dando paso a la tradicional bendición invocando la protección del santo predilecto para acompañarlo en su viaje, después de luchar  con su evidente orgullo el joven abraza a su padre, son esos segundos que te reconfortan el alma y hacen que las despedidas sean menos largas. Desconozco cuándo volverán a verse, pero entre la magia, mi sexto sentido que casi nunca falla puedo decir que será pronto o eso es lo que quiero creer. Es más lo segundo que lo primero, pero no puedo serle infiel a mi lado místico.

La segunda despedida que me cautivó fue la de dos amantes a mi derecha, se comen los labios con una pasión desmedida y conocida debo de agregar.

Sé conocen de mucho o de poco, en este momento de la noche es lo menos importante, él toma las manos de ella con delicadeza y se las lleva al pecho.

No pronuncian nada, pero sus manos y sus ojos dicen más que cualquier otra palabra conocida por ellos. Irradian pasión, amor, ternura, un poco de melancolía y tristeza.

Algo conocido por mí pero de manera intermitente, cada emoción por separado. Los veo y tal vez desde un orgullo caído puedo confesar que añoro esa emoción compartida a voluntad, sin secretos, sin miedos.

En estos tiempos posmodernos me consideran demasiado cursi pero no soy yo, es mi alma que vino en un frasco con otra fecha escrita.

No puedo negar mi naturaleza, creo que llevo varias lunas negándome y hasta hoy puedo reconocer (me) en el espejo.

Tal vez mi amante me esté esperando en alguna terminal, en una ciudad que no conozco su nombre, ni su ubicación pero mi lado gitano me dice: no desesperes, aguanta.

No sé cómo le llamaré: amante, amor, cielo, vida, Santiago, Álvaro, José….mientras adivino mi fortuna mi camión llega después de la hora marcada.

 

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