Desnudez.

Casi un mes ausente fue suficiente para poder decir de manera placentera lo que significa para mí esta palabra.

Para lograrlo me veo desde tercera persona, desde la butaca de un espectador ansioso por el acto final.

Observo  curiosa el principio de la escena , impaciente por ver desde otra perspectiva  lo que escondo debajo de mi ropa, ansiosa por ver el lunar que pocos conocen, letras tatuadas invocando una frase escrita -en latín- que no puedes descifrar a simple vista, en las cicatrices de mis piernas que me recuerdan un accidente en la madrugada, salidas con tacones que alargaron mis piernas y me recordaron mi torpeza constante al utilizarlos, mi cadera pequeña que se mueve al vaivén de otro cuerpo, al escuchar una canción suave en alguna madrugada como esta, mi vientre no tan plano pero es un recuerdo constante de mi placer por la comida y comer el postre antes de la comida, mi pecho que tal vez ha sido el delirio de unos cuantos que al recordar sus nombres y sus caras… algunas más nítidas que otras me han hecho que se me escapen varios suspiros.

Mi cuello guarda tantos secretos que la sencillez por descubrirlos se vuelve un poco complicado. Me he mostrado así, sin ropa, sin pronunciar ninguna palabra pero a la vez diciendo mucho, mostrando mis miedos, cicatrices que no son visibles ante una mirada escéptica, nombres de amantes viejos, tal vez cambié sus nombres para no evocar al recuerdo.

Me até al pecho de un amante sólo por un instante me quedé ahí sin decir nada, los poros de mi piel se abrían lentamente, encontrando fascinación ese encuentro.

Tantas lunas ocultándome y en un instante descubrí todo lo que soy, siento, como percibo todo sin nada que me estorbe.

Pero en el otro lado del espejo me he mostrado tan transparente, teniendo encuentros tan íntimos sin quitarnos nada. Sin apariencias, sin máscaras, sin usar palabras rebuscadas y términos rimbombantes para causar fascinación el uno del otro, aquí dejando otra confesión, él tiene toda mi fascinación todavía…Sí el leyera estas líneas encontraría su nombre escondido. Me desnudé, no en toda la extensión de la palabra pero si, tuvimos encuentros más íntimos que el de quitarnos la ropa.

Y en otro lado del espejo, está el reflejo de alguien que se quita la ropa, para ella, para su intimidad, porque ama lo que ve, le agrada lo que ve. Espero no leerme ególatra o vanidosa, pero antes ella evadía ese reflejo. Hoy con veintitrés, lo ama, lo abraza, se ve con ternura.

Aprendió que no todos aprecian lo que deja ver, por eso se volvió astuta a no mostrar más de lo evidente.

Tal vez por ego herido o simplemente por sus protocolos auto impuestos. Lo que  es un hecho bajo la luz de la luna encontró el brillo que su piel necesitaba, las curvas de su cuerpo se acentúan, los lunares forman constelaciones secretas, su cabello corto deja ver más su rostro, sus ojos dicen más de lo que su lengua puede articular.

Lo único que necesitó fue desnudarse para ella, la curiosidad de saber que hay más allá, hacerlo lento, encontrarle el placer con sonando un jazz al fondo, un cigarro consumido, como único espectador el gato sentado en la ventana atento a la escenablack-and-white-person-woman-girl

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