Te tomé una foto

 La maravilla del tiempo es pasar y dejar marcas en la piel, el corazón y debajo de los ojos. Hace una semana estábamos a un suspiro de distancia, tu aire era mi aire, mi piel tu abrigo, mis piernas tu cárcel, tu espalda era el camino infinito que recorrí cada noche hasta que el sueño o las múltiples alarmas del teléfono nos recordaban que era momento de iniciar con la rutina, aunque posponerlo cinco minutos más nos parecía una maravilla.

Nunca nos tomamos las manos pero hay otras maneras de acercarse y sentir, caminar por una ciudad en la noche, cubrirme del frío, leerte, abrazarte en silencio, comprarte un té en la mañana y finalizar con un postre a media tarde.

El tiempo se detuvo lo suficiente para conocernos cada mañana, desconocernos cada noche, recorrernos en la madrugada, despertar entre agua, saliva y sudor.

En este vaivén de intensos sentires encuentro calma en tus brazos, en tu palabra simple que calma estas marejadas. Esa calma confieso, aún no me parece atractiva porque es enteramente desconocida para mi.

Una tarde contigo descubrí que podría acostumbrarme a ese sentir, a los paseos por el parque con el cielo nublado. Sin que te dieras cuenta te tomé una foto, por el miedo y el ansia de que te borres de pronto.

Quiero regresar, tomarte otra foto y esta vez ponerme a tu lado, aunque siento que esta vez es muy tarde.

Hoy no me basta el recuerdo, hoy si quiero sentir tus manos, compartir la ca(l)ma.

Este es un grito no consumado de querer volver a verte, sé que hay algo más después de este desenlace…porque ya te quiero.

eme

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