Palomas en el tejado

Llevo seis meses en este lugar que podría atreverme a llamar hogar, donde tantas veces me vio llorar, amar, contemplar a la nostalgia, hacerle odas a la tristeza, ver a la luna en sus diferentes fases colarse por la ventana, caminar por los angostos pasillos de este departamento desnuda mientras imaginaba tantas cosas.

Siempre tenía como testigos a un par de palomas que tienen su nido en el tejado, nunca las vi, pero por el arrullo que emitían sé que eran más de dos. Nunca me molestó el sonido que emitían, me hacían sentir acompañada y en una ciudad lejana eso siempre se agradece.

Si reencarnar fuera una elección yo definitivamente sería una paloma. Por común, por ordinaria, por cotidiana, siempre están en todos lados y su técnica de escape es tan fácil y sutil como abrir las alas y volar…

Quien ama a una paloma, alaba lo cotidiano, y quien ama lo cotidiano me ama a mí.

Si fuera bruja, mi nahual sería una paloma cautelosa, no es una figura imponente, pero puede desaparecer en el momento más oportuno.

El día de hoy no se parece al día de ayer, hoy formo parte de una estadística desfavorable del país, hoy las palomas no están en el tejado, por primera vez se puede apreciar el invierno en el puerto, el mar está gris y yo lleno hojas con letras a medio terminar, invocando al sentido común que en estos casos es sumamente necesario para revelar cuál será mi próximo destino.

El ocultismo no ayuda en cosas tan evidentes, ni las lecturas del tarot ni leer las cenizas de los cigarros consumidos mientras estas letras toman forma, pero de alguna manera debo de encontrar calma que tanto añoro. Pero hoy las palomas no están en el tejado.

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Diálogos y pasiones

Este diálogo lo he tenido desde hace varias noches, no recuerdo la fecha exacta pero tiene un par de eclipses en el camino. En la soledad, abordé este tema tan plácidamente porque solo a mi reflejo le pude admitir que la vanidad me parece compleja y encantadora.

A ella le encanta enseñar fragmentos de su cuerpo desnudo, lienzo incompleto cubierto de una falsa inocencia que conmueve a cualquier espectador.

A ella le encanta verse al espejo, producir(se) placer, morderse los labios, sentir sus manos recorriendo el camino sinuoso repleto de lunares que bajan hasta el sexo que delicadamente toca en la madrugada. En algunas noches hay lenguas que recorren estos caminos sinuosos  y perversos que aprisionan y sueltan a cada determinado tiempo.

El tacto no podría ser tacto, el beso no podría ser beso, ni su belleza podría ser belleza sin su palabra que seduce, incita, provoca, enciende hasta llegar al clímax hasta que por un asunto de alquimia todas esas llamas se convierten en líquido salado, como agua de mar.

Reconociendo su vanidad, la pasión, el placer que le produce seducir y ser seducida se atreve a seguir conversando con su reflejo en el espejo del tocador.

Esta noche hablan sus fragmentos, pedazos que aún no encajan ni en ella ni en nadie. Está dispuesta a exhibir su belleza más carnal, porque es irreverente ante los ojos castos que la ven de manera indiscreta, pero ella no le importa porque así de irreverente es su escote.

Pero esta criatura ha sido condenada a la soledad, a la compañía medianamente buena y a unos brazos que desaparecen al llegar el alba. Solo desnuda su alma cuando la luna se aparece. Con ese astro como testigo, admira su silueta en las paredes blancas de la habitación, y se pregunta ¿a qué audacias nocturnas podrá entregarse? ¿cuál es la fortuna de esta mujer en una ciudad ajena a ella? ¿este es el principio del placer? o ¿el final del dolor?

En esta noche, todo confabula para propiciar una escena erótica, que a su consideración es poesía, aunque ella no se considera poeta ni mucho menos maldita. Solo es una mujer de hábil lengua que disfruta este vaivén de sentires, amante de las palabras no pronunciadas, de la sinfonía que crea al tocar las notas adecuadas en su cuerpo. La compañía es una delicia pero la soledad es una amante celosa y hemos una tregua para seguir tan juntas como siempre, tan amantes, tan libres, tan nosotras…pero siempre podemos hacer una excepción si la curiosidad nos invade ante la presencia de una criatura que no tema exhibir su cuerpo y hacer de su espalda el lienzo perfecto para trazar tantas caricias como permita…

Sin más, concluyo este diálogo por esta noche.

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