Diálogos y pasiones

Este diálogo lo he tenido desde hace varias noches, no recuerdo la fecha exacta pero tiene un par de eclipses en el camino. En la soledad, abordé este tema tan plácidamente porque solo a mi reflejo le pude admitir que la vanidad me parece compleja y encantadora.

A ella le encanta enseñar fragmentos de su cuerpo desnudo, lienzo incompleto cubierto de una falsa inocencia que conmueve a cualquier espectador.

A ella le encanta verse al espejo, producir(se) placer, morderse los labios, sentir sus manos recorriendo el camino sinuoso repleto de lunares que bajan hasta el sexo que delicadamente toca en la madrugada. En algunas noches hay lenguas que recorren estos caminos sinuosos  y perversos que aprisionan y sueltan a cada determinado tiempo.

El tacto no podría ser tacto, el beso no podría ser beso, ni su belleza podría ser belleza sin su palabra que seduce, incita, provoca, enciende hasta llegar al clímax hasta que por un asunto de alquimia todas esas llamas se convierten en líquido salado, como agua de mar.

Reconociendo su vanidad, la pasión, el placer que le produce seducir y ser seducida se atreve a seguir conversando con su reflejo en el espejo del tocador.

Esta noche hablan sus fragmentos, pedazos que aún no encajan ni en ella ni en nadie. Está dispuesta a exhibir su belleza más carnal, porque es irreverente ante los ojos castos que la ven de manera indiscreta, pero ella no le importa porque así de irreverente es su escote.

Pero esta criatura ha sido condenada a la soledad, a la compañía medianamente buena y a unos brazos que desaparecen al llegar el alba. Solo desnuda su alma cuando la luna se aparece. Con ese astro como testigo, admira su silueta en las paredes blancas de la habitación, y se pregunta ¿a qué audacias nocturnas podrá entregarse? ¿cuál es la fortuna de esta mujer en una ciudad ajena a ella? ¿este es el principio del placer? o ¿el final del dolor?

En esta noche, todo confabula para propiciar una escena erótica, que a su consideración es poesía, aunque ella no se considera poeta ni mucho menos maldita. Solo es una mujer de hábil lengua que disfruta este vaivén de sentires, amante de las palabras no pronunciadas, de la sinfonía que crea al tocar las notas adecuadas en su cuerpo. La compañía es una delicia pero la soledad es una amante celosa y hemos una tregua para seguir tan juntas como siempre, tan amantes, tan libres, tan nosotras…pero siempre podemos hacer una excepción si la curiosidad nos invade ante la presencia de una criatura que no tema exhibir su cuerpo y hacer de su espalda el lienzo perfecto para trazar tantas caricias como permita…

Sin más, concluyo este diálogo por esta noche.

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