Secreto (?)

Algunos son bien sabidos pero jamás pronunciados, otros solo se susurran en la quietud de la noche y se pierden al alba. En cambio, los míos son cicatrices en la piel, flores escondidas debajo de la piel, aguamiel que emana de entre mis piernas, bienaventurado el que haya llegado tan lejos me repite mi otro yo.

Un secreto es una palabra dicha que espera a ser pronunciada por segunda vez, es un lunar que grita en sus adentros ser encontrado.

Debajo de la lengua, hay un hueco perfecto para ocultar lo que nunca se ha dicho, los miedos, la lejanía, la tristeza, lo que solo menciono para mis adentros, lo que me consume como una hoguera dentro de mis pulmones. Curiosamente, se necesita de otra lengua para poder llegar a esas profundidades y si esa lengua es hábil, podrá revelar uno por uno esos misterios. El amante en turno de esta noche descubrió a Orión en mi espalda y par de lunares que el sol no conoce, un canto en latín que adorna mi espalda y se convirtió en su delirio (y en el mío también), no permití que descubriera más sobre mí, confieso que su habilidad como amante y conversador me hizo cambiar de estrategia. Oculté un par de misterios, cicatrices, lunares, pétalos detrás del humo que producía ese segundo tabaco, me permito confesar que hay cosas que ansían ser vistas ante ese par de ojos curiosos. Y no, no me refiero a que es imperante que los ojos de este amante lo descubran, puede ser cualquier mortal que desee navegar en estas marejadas, estar atrapado por una o varias noches en esta vorágine, le adelanto que este es un acto de valentía pero encontrará belleza en este cuerpo mundano.

¿Habrá alguien no se despida al llegar la media noche o el alba o será mi eterna amante la soledad? Moriré en silencio sin rosas rojas o secretos que ocultar, sin lágrimas puras de amantes cuyos nombres no recordaré al perecer, pero su tacto quedará grabado en todas las esquinas de mi piel, reconocerán su tacto, su caricia y mi corazón responderá al autor de su herida.

Mientras el amante en turno procede a vestirse, yo lo veo en silencio desde la cama con el tercer cigarro de la noche encendido, justo a medio consumir. No quiero verlo partir, deseo amanecer con él, ansío prepararle el café, hacerle una bufanda con mis piernas, consumirnos lento y sin prisas. Mi orgullo rodeó mi garganta para no pronunciar nada, decidí esconder ese sentir debajo de mi lengua y ahogar esta pena en vino barato.

Entre cortinas de humo y terciopelo pude ocultarme, aunque no sé por cuánto tiempo pueda seguir ocultando mi sentir, me confieso aquí, hoy, esta noche, buscando consuelo o cauce.

Querido amante en turno, quédate.

Entre susurros, suspiros y sudor

Usé mi última carta contra el destino para volver a esta ciudad, hacerla mía por segunda vez, descubrir la penumbra, las noches frías junto a la soledad como compañía. Irónico ¿no? la soledad a veces puede ser increíblemente fiel y aquella noche fue una excepción.

Mentí al inicio al decir que solo tenía una jugada a mi favor, todavía tengo As bajo el escote; para que la curiosidad no le consuma, le adelanto que ese comodín fue perfecto, usado en una táctica de seducción infalible. No, no puedo dejar que mi ego se asome y tome posesión de mis letras, no deseo ser como mis anteriores amantes, donde su ego es tan magno como mi pasión por su piel.

Hace tres lunas menguantes, sucumbí ante una criatura con lengua afilada y manos grandes. Su barba se mezclaba perfecto con mi encaje, su espalda era el lienzo que ansiaban mis labios desde antes de conocerlo. Dejé que descubriera los secretos que esconde mi piel, se perdió entre mis lunares y yo me aferré a su espalda.

Nos encontrábamos entre lo divino y lo profano, en la antesala al paraíso, susurrando secretos, su aliento era el mío, mi saliva su saliva, mis aguas encontraron su cauce esa noche.

Mi boca navegó al sur de tu cuerpo, se convirtió en un náufrago entre tus piernas. Y así nos consumimos poco a poco hasta terminar en cenizas.

Entre las sábanas te contemplé en silencio, admiraba los trazos de tu cuerpo, las marcas dejadas, mi labial en tu espalda, el olor de un cigarro a medio fumar, un par de risas sinceras para continuar con las confesiones, exponer las reglas del juego, mis cartas, tus cartas, un beso de despedida y la interrogante de un segundo encuentro.