Verte llover

A esta hora del día no pasa absolutamente nada, son las 5:41 p.m. y este inicio cambió 10 veces porque ninguno parece interesante (culpo enteramente a la hora). Estoy encerrada en esta habitación que no me dice nada, las paredes dejaron de escucharme, mi piel está pálida y fría, me atrevo llamarlo como encanto post mortem.

Afuera está lloviendo, el sonido de las gotas me resulta placentero, abro el ventanal y el viento frío recorre por completo mi cuerpo. Decide susurrarme poemas, confesiones pecaminosas, fantasías o eso es lo que yo decido escuchar.

Se instala debajo de mi ropa, decide acariciarme de manera irreverente, debo confesar que me recuerda tanto a ti y aún no tengo el placer de conocerte. A ti desconocido te presto mis manos, recorre todas estas líneas, todas estas curvas, encomiéndate a la lujuria, a la locura, al Supremo que decide quién es divino o mortal.

Es una lástima que tus ojos no puedan admirar los secretos que lleva mi espalda o la fortuna que esconden las líneas de mis manos, y me apena de sobremanera no poder revelar estos estos enigmas, pero no sería prudente anticiparme, lo que sí puedo hacer es enseñarte el camino al paraíso. Yo sé que ese sendero lo conoces a la perfección, de otras ninfas, de otras diosas, de bellas criaturas pero estuviste frente a ellas, bailaron debajo de las sábanas en perfecta sincronía y en cambio conmigo, yo te presto voluntariamente mis manos, mis dedos, mi saliva, el agua que emana de mi al llegar al clímax, el sudor que producen mis piernas, estremecerme y morder mis labios hasta que mi lengua sienta el sabor metálico de la sangre.

Desconozco como es tu rostro, la forma de tu espalda, como suena mi nombre en tu voz, pero eso me engancha más a ti, puedo inventarte de todas las maneras posibles pero lo que no podría imaginar es como se agita tu respiración, esa sinfonía producida por el placer, creada solo por ti y por mi, por lo que sentimos, por lo que desbordamos.

Llevo mis manos debajo del encaje que cubre mi monte de Venus, comienzo a sentir el agua entre mis dedos, tus dedos. Me descubres con mis manos, mi labios desean pronunciar tu nombre, pero aún no llegas y yo ya conocí el infierno.

Afuera sigue lloviendo y dentro de esta habitación duermo entre agua, saliva y sudor; soñando con verte llover.

1 comentario en “Verte llover”

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