¿Qué haría si tuviera otra boca?

Mi primer lengua es una peregrina de lo conocido, de lo terrenal y la segunda desea conquistar lo inexplorado, lo oculto, de lo infernal y profano. En conjunto podrían llegar a pieles vírgenes que son tan pálidas como el pecho de un armiño, pensar en esas pieles me inunda, derrumba la lógica en mi ser y me hace cuestionarme lo siguiente: ¿cuál sería la ubicación de esa segunda boca? ¿detrás de mi cuello? para que ella recite lo que yo no puedo decirte de frente, lo que mi otro yo piensa pero me reprimo a decirte, crear una doble sinfonía de gemidos nunca ha sido tan perfecto hasta hoy, ni mil arcángeles podrían igualarlo. Sí, detrás de mí cuello suena el lugar ideal pero ¿qué hay de la espalda? ¿los pies? ¿la palma de las manos? o es que yo soy una obsesiva por tener más bocas de las que necesito.

Sé lo que piensas, criatura mía, lo que más deseo es abarcarte por completo, rendirte pleitesía. Besarte con unos labios, morder con los segundos y emanar agua de los terceros.

Quiero que descubras nuevos fetiches, nuevas fijaciones, nuevos tormentos, que te pierdas en esta inmensidad de posibilidades que te ofrezco, que se atoren tus dedos en esta segunda boca que te ansía en silencio.

Necesito que tu aliento se pierda en el mío, en el frenesí de este vaivén de cuerpos que ya no son ajenos ni extraños para nuestros ojos. Deja que mi primer boca te encuentre en silencio, navegues por mi garganta, llenarte de agua para encontrarnos en el paraíso y bajar a la tierra en un instante. Como los desterrados hijos de Eva.

En esta habitación oscura, suspiramos, gemimos y suspiramos. Estamos en la antesala del paraíso, sumergidos en nuestras propias aguas nos convertimos en ríos que buscan su cauce.

El agua que emana tu cuerpo y el mío está repleta de historia, de vida, de silencios y lujuria por fin expulsada de ese templo tan venerado.

Esa segunda boca desea que me hinque ante ti, ante el cuerpo que yace envuelto seda y sudor.

Este par de bocas me susurran al unísono que desean estar adentro, hasta lo más profundo de tus entrañas, donde todo es atemporal, donde no hay un Dios, ni un Diablo, porque ellos somos nosotros.

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