Un vino, por favor

“Dedicado a todos esos vinos que no se destapan y esos amantes que no se consumen”.
María

Podría comenzar diciendo que no soy tan amante del vino como parece, solo me agrada el estado en el que me pone, entre pícara y coqueta, con mirada perdida y seductora, con la piel cálida y de un color extremadamente rojizo que asusta a todos los que están a mi lado y yo solo logro responder “- es una alergia heredada por el lado paterno”- pero en mis adentros estoy tratando de mantener la cordura y no decir algo demasiado impropio que asuste a mis receptores.

El vino seduce, oler las notas frutales, la madera, el roble, la uva, la tierra y demás ingredientes que el conocedor pronuncia y yo como buena mortal le compro completamente ese discurso y lo repito hasta que mis papilas gustativas jueguen con los aparentes sabores; aunque confieso, no percibo ninguno. No sé si es la copa en donde bebo, la forma en que tomo la copa, pero no siento nada, absolutamente nada. Sería interesante probarlo de otra forma; podría beberlo de tus manos, de tus labios – el Santo Grial de tu cuerpo -, podría beberlo desde la botella ¿acaso eso cambiaría algo? algo me dice que sí, el mezclar el alcohol, el cuerpo y las fantasías podría no ser lo mejor para nosotros, pero mi lado siniestro me dice que el nuestra piel es el mejor recipiente para beber(nos).

Todo ese discurso sucede en mi cabeza mientras te veo fijamente a los ojos, dejo que los efectos de este fermento corrompen mi prudencia y sentido común. Camino con temple seductor hacia el tocador para observarme y tener un soliloquio mientras cubro mi rostro y cuello de polvo para disimular mi enrojecimiento. Hablo de ti, admiro tu elocuencia aparentemente intacta pero sé que la noche y el alcohol en tú cuerpo ya harán efecto, serás torpe, tus labios pronunciarán de manera floja todo lo que piensas, el cabello se te alborotará y para mí seguirás tan encantador como te conocí.

Recuerdo que estoy en el tocador y aunque tuve una plácida charla conmigo misma debo volver contigo, a lo lejos nos buscamos las miradas, solo te sonrío porque sé perfecto que no te imaginas lo que siento, a veces desearía que todos leyeran entre líneas como yo, pero no todos tienen sangre gitana ni todos hacen aquelarres a la luz de la luna llena. Solo desearía por un momento que dejarás de ser Dionisio y te convirtieras en hombre y yo dejar de ser Ariadna y convertirme en mujer; ambos estar sin máscaras, sin discursos, sin ornamentos ni nada que cubra lo que realmente somos. Presentarnos sin esta valentía superficial que nos da el vino, los frutos rojos, la semillas y todos los elementos que nos hacen ser aparentemente más seguros, sensuales y desinhibidos.

Lo irónico es que todo esto sucede en mi cabeza, tú no estás enterado de lo que sucede en este escenario o tal vez sí y no quieres ser participe de esta escena y aún trato de entenderlo, aunque debo confesar algo; llámalo sexto sentido o un orgullo extremadamente inflado, pero cariño mío yo sé que quieres estar entre mis brazos.

Yo sé que también tienes este dilema, de manera más simple pero también tienes la incógnita sobre esto, esto que no es nada pero podría ser todo. Mientras eso sucede o no, destapemos otra botella de vino, bebamos la última copa, dejemos el cigarro a medio fumar, no consumamos ese beso oculto.

Mientras eso sucede o no, mejor no destapemos esa botella de vino.

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