Habitación 7

¿Nunca se han preguntado en cuántas camas han dormido? ¿En cuántas camas no dejaron de si mismos? O cuántos visitantes tuvieron estuvieron en la suya? ¿Cuántas camas visitaron furtivamente para consumir un deseo?

He pensado mucho en eso en estos días. La idea se me clavo después de un sueño que tuve; en el me veía durmiendo desnuda y solo cubierta por una sabana. Creo que era la habitación donde me estoy hospedando, aunque la atmósfera y el amante eran completamente ajenas a mí. Después de despertar empecé una exhaustiva cuenta de en cuántas camas bailé, a cuantos seres invité a que descubrieran en la mía y en las veces que la cama de un motel fue la elegida para consumar el acto. En muchas yo partí sin despedida y en otras el reloj era el que marcaba la final de la velada. Pero siempre busqué el abrazo que culmina, el cuerpo cálido del otro que se amolda perfecto al mío, dónde el corazón es una melodía unísona. No digo que un amante casual no tenga esas cualidades, pero a veces buscaba algo más.

Ese algo qué no sé qué es, pero que a veces siento entre todo mi cuerpo. Es un ligero disparo que recorre mi torrente sanguíneo, en mi cabello, en mi vientre y sexo pero se esfuma en cuestión de segundos. No, no hablo de un orgasmo que de esos he provocado y sentido muchos (más veces sola que en compañía) yo hablo de un amor no consumado, una ternura existente aún en el escenario más erótico y transgresor.

Tal vez lo que busco no se encuentra en una habitación, debajo de unas sábanas o en un cuarto de paso.

Sin armadura

Estás tan desesperada por qué te quieran que aparentas lo contrario.

Te quema el cuerpo por amar y ser amada que te escondes en una armadura de seducción y acero

Estás tan ansiosa por entregarte a alguien que te escondes en los rincones más oscuros de tu psique

Estás tan triste que solo lloras por dentro, dónde nadie escucha y el agua solo termina ahogándote.

El corazón te quema, no aguantas el ardor, ya no quieres sentir pero irónicamente vives del sentir. Tú inspiración es eso, tú motivo de vida, la razón de tu existir ¿Acaso no es ese? Cuál es la razón de que cargue está cruz? ¿Qué estigma me puso Dios al ser yo concebida? ¿Por qué nadie escucha mis gritos? ¿Por qué nadie lee mis manos?

¿Por qué los ojos del varón de enfrente me juzgan sin saber qué agobia a mi mente? ¿Por qué todas las miradas a mí alrededor me rechazan y me cortan? Esta absurda complejidad no me deja ser, estoy harta de ser incomprendida, de ser mal querida por todos los seres que conozco y por mí. Mal follada por algunos y mal amada por otros.

Detesto que me llamen intensa y si algún momento de cordura apropié esa palabra, hoy no la siento como mía.

No puedo con este estigma, con la cruz qué cargo se hace cada vez más larga y la procesión cada vez se hace más difícil de continuar.

Una bruja dijo alguna vez que yo estaba destinada para la grandeza, sus arcanos lo auguraban, el oráculo también decía eso, hasta el mismísimo Diablo pensaba lo mismo, pero tal vez la única grandeza a la que yo aspiro es a no romperme frente toda esta audiencia, mostrarme como roble y no dejar que su morbo se alimente con mi tristeza; aunque en el fondo el orgullo me esté lacerando, me haga rasguños profundos.

No sé si llegaré al día de mañana y si eso sucede por favor no me llame intensa.

Frida María.